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lunes, 4 de noviembre de 2013

Sorpresa por la sorpresa de los resultados en lengua y matemáticas

Reproducimos a continuación un artículo de José Antonio Fernández Bravo que, en nuestra opinión, no tiene desperdicio. Aunque no hable específicamente de Infantil, es en infantil donde empieza este sinsentido que tenemos de sistema educativo, el que aún se quiere empeorar con la nueva Ley que se está tramitando en el Senado.
Nos piden que todo sea rápido, todo deprisa, aunque no se llegue a ningún sitio, aunque nos perdamos por el camino, aunque repitamos y repitamos senderos que no llevan a ninguna parte. Pero eso sí, por el camino dejamos perdidos a los niños y niñas, sus capacidades y la posibilidad de un cambio real. 
Frente a lo que afirma J. Antonio, si creemos que los docentes y las familias somos responsables, al menos si no nos rebelarnos cuando una gran mayoría estamos intuyendo la ineficacia de este sistema; a pesar de lo cual repetimos el dicho, en la práctica de nuestra actuación: "No quieres caldo, pues toma dos tazas"

Sorpresa por la sorpresa de los resultados en lengua y matemáticas
José Antonio Fernández Bravo*. 
En España no hay experiencias lingüísticas y experiencias matemáticas, lo que tenemos son abundantes experiencias de ejercicios que presentan las editoriales en sus catálogos de contenidos al amparo de las leyes "educativas".
No podemos sorprendernos de los resultados en matemáticas porque lo que se hace es todo menos matemáticas; si nos preguntan por el producto de 8 x 7 entregamos sin control la respuesta a la memoria, sin darnos cuenta por ejemplo que es el doble de 4x7, o que se podría calcular como 8 x 5 y 8 x 2, al ser 7= 5+2. Y seguiremos aprendiéndonos para olvidar las tablas de multiplicar (atendiendo las indicaciones de Asurbanipal, rey de Mesopotamia). De poco sirve memorizar sin comprender. Hay que enseñar a establecer relaciones para guardar en la memoria sentido y significado. ¿Por qué no se trabaja la matemática a través de los datos que encontramos en una programación de televisión, de un prospecto, de un catálogo de juguetes, de una receta de cocina o la tarjeta de un billete de avión,...?
Del mismo modo, no concibo que se anteponga, en la enseñanza de la lengua, la diferencia entre un sujeto y predicado, a expresar con claridad una idea en tres líneas escritas y discutir un texto hablando durante media hora. (Esto ya sería una gran pérdida de tiempo que nos retrasaría bastante la realización de los ejercicios propuestos en el libro).
Qué más da una evaluación hasta los 16 años, que a partir de 16. La base de la Educación está en los primeros cursos. La base de la Educación está en el niño. Así que no me sorprenden los resultados que obtenemos. Y escribo esto para que dejen de hacerlo aquellos que se siguen sorprendiendo.
Ahora, en un breve tiempo de preocupación social "clases de cargos de altas responsabilidades educativas" se podrán en marcha. Intentarán cambiar con la rapidez que exige la ignorancia de confundir lo accidental con lo esencial, lo que hay por lo que había y lo que habrá por lo que hubo. Y cambiaremos el formato de los libros de texto e incluso innovaremos con otro libro que se despliega en tres dimensiones para favorecer la manipulación. ¡Qué pena! Seguiremos echando la culpa al niño, por qué no a los padres despreocupados, pero siempre a esos maestros irrespetuosos con la ciencia que no podemos considerar ni docentes ni decentes.
Pero esa no es la verdad. La verdad es que estamos apoyando un sistema de enseñanza en un modelo démode, donde el acceso al conocimiento sigue siendo la memorización de un contenido tedioso y poco motivador descontextualizado de cualquier interés vivo que empuje al movimiento intelectual. ¡No!; no es el niño ni la niña, ni el padre ni la madre ni la abuela, ni por supuesto -basta ya- el maestro y la maestra, el profesor y profesora; no. Esto es fruto de una escuela arcaica y medieval resultado de un dogmatismo prescriptivo del "así se hace", "así se piensa", "así se estudia", "así se aprueba", "así..." Arropado por pseudoexpertos que presentan un título que les ha permitido saber decir, sin prepararles para saber hacer lo que saben decir. Y cuando educamos con el "así se hace" les estamos diciendo: todo lo que no se haga así no vale para hacer. Luego en PISA encontraremos preguntas de la forma: ¿Qué pasaría si...?, ¿qué se te ocurre para...? , ¿puedes descubrir otra estrategia distinta a...?, etc.
El maestro, que conoce esto, no puede desempeñar con éxito la difícil actividad que se le exige. Goza actualmente de total incoherencia el resultado que se espera de su función docente, respecto a los medios y recursos que se le ofrecen, poniendo sus posibilidades de acción en preso ayuno y cuarentena: desde el ámbito social, se encuentra el despropósito emocional con el que se mira su acción educativa; desde el institucional, limitado en su libertad de cátedra por diversas imposiciones externas, tanto públicas como privadas –refugio de una disfrazada apología mediocre de la uniformidad-; y, en el ámbito intelectual, con la escasa preparación académica que, desde su formación inicial, se registra en los planes de estudio que siguen sin dar respuesta a las futuras acciones profesionales, y predisponen la Educación: al antojo, el capricho, la soberbia, la negligencia y la ignorancia de unos cuantos adoquinados, separados por tejidas opiniones bisoñadas.
No se sorprendan de los penosos resultados que en la siguiente evaluación nos presente el informe de la OCDE a través de PISA y.... No se sorprendan porque seguiremos trabajando para dotar de importancia a:
- Adelantar contenidos creyendo que así subimos el nivel... (¿Por qué no empezar a leer con dos años?)
- Ser los primeros del mundo en iniciarse en un tema, aunque seamos los últimos en comprenderlo; (¿qué tal si empezamos la división con 6 años?)
- Conseguir la mayor retención de conceptos, aunque no se comprenda su significado; y realizar la mayor cantidad de ejercicios, aunque no generen reto alguno para la actividad cerebral; (¿Por qué no mandar más deberes?)
- Mantener el mayor tiempo posible los procedimientos con los que aprendieron nuestros antepasados; (¿Quién se pregunta por los objetivos que se alcanzan?)
- Consumir la mayor cantidad de libros de texto; (¿Qué tiempo queda para observar, discutir, explorar y asombrarse?)
- Conseguir que en el menor tiempo posible el mayor número de personas digan lo mismo; (¿Quién creerá que en la diversidad está la riqueza?)
- Gritar lo más alto posible que lo cognitivo es lo único importante, aunque sea la emoción un elemento decisivo para el aprendizaje y las habilidades sociales un fundamento de vida. (¿A quién le importa cómo se siente el que aprende?)
No es cuestión de dotar al aula de... sino de encontrar al maestro capaz de hacer que el alumno genere ideas con.... No es cuestión de práctica, ni siquiera es cuestión de metodología, sino de un cambio radical de estado mental y nivel de consciencia. Un estado que permita la liberalización de la enseñanza liderada por expertos. En el que sea posible enseñar desde el cerebro del que aprende y en el que la pregunta fundamental no sea cómo de bien realiza el niño la ficha que hace, sino cuánto de bien le hace al niño la ficha que realiza.
Y cuando esto lo lean "los unos", dirán: ves, lo que yo decía. Y cuando esto lo lean "los otros" dirán: ves, lo que yo decía.
Y "los unos" y "los otros" gastarán grandes cantidades de dinero en buscar un nuevo paradigma, que será innovador por ser el último encontrado. Un paradigma educativo en el que: a las ocurrencias de una noche de verano se les llamará modernos modelos didácticos; a un conjunto de páginas encuadernado, método de aprendizaje; a la reiteración del error en la enseñanza, firmeza educativa; a la falta de disciplina, pluralidad de alternativas escolares;...
Y el niño va -y el niño viene- con sus intereses y reacciones, con sus circunstancias y aconteceres, en los que pocos piensan y a pocos les interesan.
"AHÍ ENTRA LA VERDAD DE LA HISTORIA – DIJO SANCHO"
¿QUIERES ENTRAR EN ELLA O SEGUIR DISFRAZANDO?
Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad Camilo José Cela de Madrid

1 comentario:

  1. ¿Donde empieza el despropósito?
    ¿En la escuela que tuvimos los maestros cuando éramos niños?
    ¿En los modelos educativos de los profesores de las Escuelas del Profesorado?
    ¿En los modelos sociales de "ser más y no mejor"?
    Si la escuela promocionara un dicho tan popular... "La experiencia es la madre de la ciencia"... ¡Otro gallo cantaría!

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