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lunes, 23 de mayo de 2011

Los colegios deben atender las necesidades higiénicas de los niños y niñas

Ante la queja de un padre que acudió a la defensora del Pueblo María Luisa Cava de Llano, ésta le ha dado la razón. Su petición se relacionaba con el desamparo en que se encuentran los niños y niñas que necesitando ser cambiados en alguna ocasión no lo son porque el profesorado del centro no lo considera su función. El padre acudió a ella tras recibir la negativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón.

La defensora aconseja que "se dicten las instrucciones precisas y se adopten cuantas iniciativas resulten necesarias para que, de manera inmediata, todos los colegios públicos que escolaricen alumnos de segundo ciclo de educación infantil presten a éstos, en todos los casos y utilizando sus propios medios, la atención higiénica y relacionada con los cambios de vestuario que pudieran precisar durante su estancia en los mismos".
Argumenta que el bienestar físico y psíquico y la educación y formación integral de los niños son responsabilidades que los padres delegan en ellos y recuerda que, en esta etapa escolar, la ley define claramente los objetivos en cuya consecución deben trabajar los centros, como es la adquisición de control general del propio cuerpo y de hábitos relacionados con el bienestar y seguridad personal, la higiene y fortalecimiento de la salud.

De nuevo tenemos aquí los resultados de la falta de previsión y medios que las Administraciones tuvieron cuando se incorporó a los niños y niñas de 3 años a los colegios. Algo que se hizo mal sigue sin resolverse. Es preciso reivindicar por ello condiciones para poder desarrollar en los centros esos principios de la educación infantil, denunciando las circunstancias disponibles y solicitando la reducción de ratios, la pareja pedagógica y tantas cosas necesarias que desde aquí hemos defendido siempre.

“No es mi función” no es razón y las posibles protestas y demandas han de encarrilarse hacia donde tienen que ir, no en contra de las familias y los niños y niñas.

Si no hacemos esto estamos "separando el cuerpo de la cabeza", como afirma el poema de Malaguzzi “El cien existe” y no debería ser una reclamación de profesionales de la educación infantil a no ser que sigan ejerciendo al tiempo que dejan de serlo. La criatura es entera y entera entra en el colegio y entera depende de nosotros y nosotras, entera se educa y entera se humilla.

Así pues nos alegramos de esta recomendación de la Defensora del Pueblo y esperamos que pueda ser un inicio para volver a centrar este debate en los términos que le son propios: el derecho de los niños y niñas a ser aceptados y educados integralmente y, por otro lado y no de modo dependiente, el de los profesionales a tener condiciones dignas para desarrollar el trabajo que si le es propio.

Remitimos al post que publicamos el domingo 23 de marzo

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