sábado, 15 de mayo de 2010

Tarjeta roja contra los maltratadores de la Pequeña Infancia

En estos últimos meses estamos oyendo hablar y mucho de situaciones de malos tratos físicos, verbales y vejaciones en determinadas escuelas infantiles. Las escuelas infantiles son centros educativos destinados a niños de cero a tres años. Estamos hablando pues, de niños pequeños indefensos y vulnerables ante ataques de adultos sin escrúpulos.
No son casos aislados. Empiezan a observarse unos patrones comunes. Se producen en momentos “delicados y sensibles” como es la comida. Sabemos que los niños y niñas lloran cuando tienen hambre y no pueden esperar. A veces eso no sucede así y no quieren comer a la hora marcada. Son muchos para pocas personas y manos. Situaciones en las que los niños manifiestan su desagrado ante los platos, bien porque no les gusta o porque la temperatura de los alimentos no es la adecuada o por falta de apetito o por la burda presentación de los alimentos.
Es en estos momentos cuando se producen las situaciones de malos tratos físicos, verbales y vejaciones. Se les obliga a comer en contra de su voluntad; si se produce un vómito se les obliga a tragárselo o bien se tapa la boca para evitar que se derrame en el plato. Se les tapa la nariz para obligarles a abrir la boca, se les pellizca las mejillas para que abran la boca de inmediato. Son criaturas de diez, quince, dieciocho, veinticuatro meses. Son hijos e hijas de padres y madres confiados que les dejan en manos de algunos educadores que no merecen semejante título. Esas actitudes no son educativas. En algunos casos, estas actitudes vienen acompañadas de palabras vejatorias como “tonto”, “a mí no me tomas el pelo”, “tú no te ríes de mí y te comes todo lo que te pongo en el plato”, “sucio”, “marrano”.
No tenemos certezas sobre el impacto que estas actitudes violentas y vejatorias tienen en las criaturas. Pero no parece que tengan impactos positivos. La capacidad de los menores para superar momentos adversos puede ser grande, pero la huella que dejan en su estabilidad emocional y en sus hábitos de vida saludable, es enorme. Nadie puede salir indemne de estas situaciones.
Otra pauta común es la confrontación entre “criterios educativos”. La violencia nunca es un criterio educativo, se mire por donde se mire y se justifique como se justifique. La violencia es el ejercicio del poder del adulto sobre el bebé, por obligación, sin tener en cuenta la persona del menor. Es un criterio obsoleto que defiende que los menores han de realizar todo lo que los adultos les piden sin oponer resistencia y sin manifestar una actitud en contra. Pautas de crianza que no valoran los descubrimientos científicos de los últimos años, que desconocen los avances de las ciencias psicopedagógicas y la importancia de las actitudes positivas en la personalidad y la autoestima del niño, que niegan la capacidad de los menores para demostrar sus emociones y sentimientos desde muy temprana edad.
Otra pauta común suele ser las incorrectas condiciones de los centros. Niños hacinados en espacios pequeños, donde no pueden ni moverse, niños que permanecen horas atados en sus sillas o hamacas, sin la tan necesaria libertad de movimientos que son necesarios para construir la percepción espacial y el conocimiento. Niños que comen en la oscuridad, con luz artificial al lado de las hamacas preparadas para la siesta y que, sin lavarles ni la cara ni las manos ni quitarles los zapatos, les echan como sacos de patatas. Niños que apenas salen al jardín, porque hay muchos y hay que ayudarles para colocarles los abrigos, los gorros y bufandas. Niños a los que no se les cambia el pañal con la frecuencia debida (dos /tres veces durante su estancia en el centro), porque hay muchos y no se puede. Niños a los que se les seca la cara y las manos con una sola toalla, ignorando las mínimas condiciones de salubridad y que propicia la propagación de pequeñas infecciones.
Otra pauta común es la baja cualificación de los profesionales. En muchos casos, jóvenes sin experiencia pedagógica y escasa preparación académica. En otros, jóvenes con buena preparación académica y buena experiencia pedagógica, pero en ambos casos, las pésimas condiciones laborales, con sueldos bajos, con interminables horas de trabajo que nunca acaban, propician la búsqueda de un trabajo mejor en otros centros, con lo que la rotación de los educadores es muy grande, vulnerando un principio pedagógico valioso en educación infantil: la estabilidad del personal docente, para evitar los problemas emocionales que produce la inestabilidad e irregularidad de los vínculos afectivos.
Son demasiadas pautas en común, que hacen reflexionar sobre cómo se está educando a nuestros menores y la poca importancia que tiene para la sociedad la educación en estas edades. Las buenas prácticas educativas no son conocidas, no tienen canales de divulgación, no se difunden. Los centros educativos de la Primera Infancia (las escuelas infantiles y los colegios) tienen un más que conseguido prestigio pedagógico; pero en cuanto surge algún caso en los que se pone en primer plano sucesos inaceptables o situaciones inapropiadas, hemos de preguntarnos desde cuándo empezaron a darse esos lamentables hechos y por qué nadie hizo nada para detenerlos.
Por ello, hay que mostrar apoyo firme y decidido a todas las educadoras que defienden los derechos personales de los niños y niñas en los centros educativos, denunciando prácticas de abusos, de vejaciones, de malos tratos físicos y verbales; y por otro lado, realizar una clara denuncia de la irresponsabilidad de las administraciones públicas, que nada hacen para evitarlos, que en ocasiones miran hacia otro lado, sorteando el problema por si tiene algún tipo de consecuencia política. En el caso de centros de titularidad privada, debe producirse el cierre inmediato como medida cautelar. Y en los centros de titularidad pública municipal o autonómica, investigar lo sucedido, separar a las personas implicadas y si existe algún tipo de indicio de criminalidad, la denuncia jurídica. No se puede dejar en la indefensión legal a las personas que se atreven a denunciar hechos que pueden ser considerados punibles y dejar que arrastren en soledad, las consecuencias públicas que tienen estas denuncias.
Y desde aquí, nuestro apoyo a las educadoras y familias denunciantes de l´escola-bressol “Escarlets” de St. Gregori (Girona), a las educadoras y familias denunciantes de la llar d´infants de Bellver de Cerdanya (Lleida) y a las educadoras y familias denunciantes de una escuela infantil del Ayuntamiento de Madrid y nuestra petición a las administraciones municipales correspondientes de revocación de los contratos de gestión con las empresas que tienen la concesión de dichos centros. Separación inmediata de las personas implicadas e investigación de los hechos denunciados. Exigencia de responsabilidad a las administraciones titulares y un ejercicio de sensibilidad y análisis adecuado a los jueces, fiscales y abogados a los que les toca juzgar y determinar las consecuencias punibles, si las hubiera.

Y a semejanza del lema que preside la campaña del Ministerio de Igualdad “Tolerancia cero ante el maltrato. Tarjeta roja contra los maltratadores”, podría escribirse “Tolerancia cero ante el maltrato. Tarjeta roja contra los maltratadores de la Pequeña Infancia”.


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8 comentarios:

virginia dijo...

Soy una estudiante de educación infantil, y estoy horrorizada, de cómo las personas responsables de un grupo de menores, ejercen su autoridad sin ninguna profesionalidad, ni respeto por sus semejantes. Faltan a todos los principios éticos que se estudian en el ciclo de la educación infantil.
Debería caerles el peso de la justicia, por tratar de esa manera a los niñ@s.

Anónimo dijo...

Gracias por el articulo y gracias a esas familias y compañeros que denuncian, pues es triste ver cerrar nuestros centros municipales por falta de niños , que acuden a estos nuevos centros de titularidad privada que ha creado la consejeria de la Comunidad de Madrid. Seguir gritando con nombres lo que está pasando, para darnos fuerzas a los que estamos sujetos de un hilo, como son las Casas de Niños de nuestra comunidad. Gracias

Anónimo dijo...

Queridos amigos de plataforma
he vivido una situación que me ha traumatizado por completo... me han acusado de sensiblona y de tomarme a pecho situaciones como: dar de comer alos niños como si fueran papagayos... y más. estoy decepcionada nadie me apoyó y me dió estres psicológico y emocional.. sinceramente SON LOS ADULTOS LOS QUE DEBEMOS APRENDER PRIMERO HUMANIDAD Y LUEGO EDUCAR

Anónimo dijo...

Estamos sufriendo muchas de las cosas que aparecen en el texto, con nuestros propios hijos, en el centro de educación infantil El bosque c/ delicias 32 de Madrid, aunque en realidad es una guarderia de la peor calidad.
Hemos reclamado al ayuntamiento, comunidad de Madrid y hemos presentado todo al defensor del menor.
Los que han podido han sacado a sus hijos, algunos callan por miedo y/o desconocimiento.
No hemos conseguido aún nada y nuestra angustia crece con los días.
Esto pasa y seguira pasando... para desgracia de nuestros pequeños.

Yolanda Ávila dijo...

Me ha parecido interesantísimo vuestro artículo y me he tomado la libertad de comentarlo en mi blog (citando la fuente).
Gracias a dios, no he presenciado situaciones de maltrato extremo pero sí situaciones desagradables e incómodas a este respecto. Mal-trato infantil es todo aquel comportamiento privado de afecto y comprensión hacia un niño.A partir de ahí,que cada uno juzge y valore.

http://hablemosdelainfancia.blogspot.com/2010/07/es-esto-maltrato.html

Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Buenos días, gracias por el artículo es muy interesante.Me he sentido identificada con el artículo,en noviembre de este año me toco, por desgracia, denunciar a mi compañero por maltrato, vejaciones, insultos... ante la guardia civil y hoy esto sigue un proceso judicial vía penal, en el auto el juez dicta que hay indicios sólidos de cometerse dichos actos. Primero avisé a mi directora, pues trabajo en un centro público y está mi dijo que no dijera nada y me amenazó si decía algo, como finalmente denuncié está persona está haciendo lo posible por arruinarme la vida y ahora mismo sufro las consecuencias de haber denunciado. Me siento agotada y dolida y me cuesta creer que por hacer algo bien se tenga que pagar un precio tal alto. A pesar de todo lo volvería a hacer.

Anónimo dijo...

Somos muchas las personas que sufrimos las consecuencias de denunciar el maltrato infantil, que soportamos consecuencias injustas por denunciar estas atrocidades, bien por la pasividad de las directoras (que algunas solo piensan en jubilarse y que no les salpique) bien por los cargos políticos que solo les importa que estos temas no perjudiquen las próximas elecciones.
Las personas que amamos la educación no podemos permitir este tipo de prácticas en los centros.

Anónimo dijo...

Por desgracia esto pasa cada vez con más frecuencia, también en los centros públicos y en especial en las Casas de niños, no entiendo porqué no obligan a los ayuntamientos a convocar oposiciones como se hacía antes y no meter al enchufado de turno o a las enchufadas de turno que su único mérito es ser del pueblo o familiar del gestor. Luego nos lamentamos de estas cosas.