sábado, 27 de junio de 2015

IDEAS SOBRE LAS QUE IR REFLEXIONANDO ESTE VERANO: ¡Más rápido, pequeños! Las nefastas consecuencias de una actividad académica prematura

Son aportaciones de diferentes y reconocidos expertos en educación acerca de temas candentes. Empezamos este ciclo que esperamos aporte motivos de reflexión. 
El primero de estos artículos trata sobre la prisa por incluir determinados contenidos y posibles consecuencias de ello. En este caso la lectura.
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Los niños prodigio son una excepción, pero querer hacer de la excepción una regla tiene sus consecuencias.
Para los más afanados en educar en base al crecimiento económico (es decir, la mayoría de las escuelas actuales), algunos de los más recientes estudios sugieren que el éxito futuro no estará basado en la maestría de la memorización, sino en la capacidad de resolución creativa de problemas y pensamiento independiente.
Para mostrar la problemática de una actividad académica precoz, utilizaré un ejemplo muy común: enseñar a leer y escribir a las niñas y niños de preprimaria (kinder). Hoy en día son muchos los padres y madres que hinchan su pecho de orgullo cuando sus hijos de no más de 4 años muestran saber leer. ¿Pero saben realmente leer? Analicemos esto.
Existen lectores precoces. Lectores precoces de verdad. Dicen los expertos que suponen alrededor del 3%. Cuando se refieren a este grupo los definen como niños de entre 3 y 4 años capaces de entender la fonología y el contexto. ¿Qué sucede entonces con el resto de infantes de la misma edad para no ser considerados lectores precoces? Sencillamente, no están leyendo. Solamente prueban que han memorizado palabras. Puede que les saquen amplias sonrisas a sus padres, pero no leen en el sentido estricto de la palabra.
Entonces, dirán algunos, forzar a los pequeños a iniciar actividades académicas prematuras es solamente una pérdida de tiempo y nada más. De hecho, no. Kathy Hirsh-Pasek, psicóloga de Temple University, comparó multitud de preprimarias orientadas a lo académico con otras orientadas a la adquisición de habilidades sociales. Su conclusión: a la edad de 5 años, los niños del primer grupo sabían más números y letras, pero estos logros se diluyeron en primaria. Además, mostraron ser menos creativos y entusiastas por el aprendizaje que los niños del segundo grupo.
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