domingo, 20 de noviembre de 2016

TRISTE BALANCE EN EL DÍA UNIVERSAL DEL NIÑO

Hoy, 20 de noviembre, es el día Universal del Niño y se celebra en recuerdo de que hace 27 años que se aprobó la Convención de los Derechos del Niño (1989). A pesar los años transcurridos los derechos de los niños y niñas que en ella se reflejaron siguen sin realizarse en gran parte de los países que la firmaron, con un agravante mayor sobre las niñas y sobre los niños y niñas más pequeños.
El derecho a la vida, a la identidad, a la salud, al agua y a una alimentación adecuada y suficiente, a ser protegidos o a no ser explotados son quizás algunos derechos que hasta hace unos años solían realizarse en mayor medida en los países del primer mundo. Aunque en éste, por motivos diferentes a los del tercero, había carencias muy importantes en relación con otros como el derecho a no ser discriminados, a disfrutar de los derechos especiales que condiciones personales, ambientales les otorgan, a la educación desde el nacimiento, a disfrutar de su familia, a expresarse con libertad, al ocio o a jugar.
Pero con la crisis han aumentado las diferencias entre los grupos privilegiados y el resto en el mundo y en lugar de mejorar el tercer mundo, hoy el primero se asemeja cada vez al tercero. Y son los niños y niñas los más perjudicados.
Hoy sus derechos retroceden en todas partes. Aumenta su transgresión general en el tercer mundo y en el primero empiezan a alarmar el crecimiento de la infracción de cotas  que parecían alcanzadas y en progreso positivo.
El último barómetro sobre la Infancia publicado por Save The Children sobre nuestro país es demoledor. Manifiesta cómo hemos ido perdiendo posiciones en porcentajes de gasto, en el ranking europeo, destinado en diferentes campos relacionados con los derechos de los niños y niñas: en  la protección social de la infancia, en relación con el dramático aumento de la pobreza (1 de cada 3 niños y niñas viven en situación de "pobreza relativa", tan solo por detrás de Rumanía, y 80.000 ingresan cada año en el grupo de "pobreza severa"), en la reducción del gasto sanitario que realiza el estado dejando sin cobertura a muchos niños y niñas o en educativo, muy por debajo de la media europea.
Las sucesivas Observaciones Generales del Comité de Derechos del Niño, para indicar a los países miembros sus obligaciones y el camino a mejorar en estos derechos, a pesar de su vinculación jurídica,  son sistemáticamente ignoradas y España es un triste ejemplo en este sentido que debemos visibilizar, denunciar y reclamar. Y no solo desde el ámbito educativo sino desde el conjunto de la sociedad porque, según estableció la Declaración de los Derechos del Niño en 1989, los niños y niñas son su bien más preciado y su "interés superior" el que ha de dictar cualquier política que les afecte directa o indirectamente.