sábado, 20 de febrero de 2016

A LA ADMINISTRACIÓN EDUCATIVA: ¿NO LES DA VERGÜENZA PERMITIR QUE SUS ESCUELAS SE CONVIERTAN EN GUARDERÍAS?

La Escuela Infantil El limonero de Parla estaba regentada por una buena cooperativa de trabajadoras ilusionadas, que apostaron por la una Educación Infantil de calidad pero que perdieron la gestión de la Escuela a favor de Clece (empresa de limpieza, seguridad, servicios sociales y, ahora guarderías), que presentó un presupuesto económico a la baja de más de un 20%. Los pliegos indignos que para otorgar la gestión de esta y otras Escuelas (otro ejemplo de ello fue la Escuela Infantil Los Sauces de Valdemoro) estableció la Comunidad de Madrid permitieron que Clece ganara.
¿Cómo puede Clece rebajar el presupuesto?: Como siempre a costa de la calidad educativa ofrecida a niños y niñas.
¿Cómo se plasma?: Pues, además de restringir en gastos de manutención y servicios generales, a través, sobre todo, de ofrecer a sus profesionales condiciones laborales esclavistas que la actual legislación permite:
Exigen que quienes optan al puesto de trabajo tengan título de Magisterio o de Técnico Superior en Educación Infantil  para poder hacer constar buenas cualificaciones entre su personal, pero  hacen contratos de todo tipo (algunas educadoras, auxiliares, monitoras de tiempo libre,...) para reducir los costes salariales.
Les importa un bledo la necesidad infantil de establecer un vínculo estable y seguro con su educadora o educador y, al servicio de sus intereses económicos, no renuevan a profesionales. En su lugar contratan a personas en prácticas (seis meses y menos), sin tener en cuenta la duración del curso escolar, lo que les permite pagar un sueldo más bajo y recibir las correspondientes subvenciones de la comunidad de Madrid. Así, cuando se cumplen estos contratos, despiden a la trabajadora y, en caso de que sea sumisa, vuelven a contratarla por otro periodo de tiempo, pero ya no puede ejercer en el mismo puesto laboral, lo que sería ilegal. La mandan entonces a otra clase o a ser apoyo, y ahí recomienza el ciclo. Hay clases que sufren hasta tres cambios en un solo curso escolar.
Con la privatización de los servicios públicos y su venta a empresas sin escrúpulos estamos asistiendo en todos los sectores al deterioro de los mismos. Cuando esto ocurre en limpieza, por ejemplo, la suciedad es evidente, pues, a pesar de la sobreexplotación los y las operarias no pueden mantener el servicio prometido con las condiciones temerarias en que fue otorgado. Pero, ¿qué ocurre cuando es en relación con el negocio de la primera infancia?, pues que el resultado es más silente; algunas de las consecuencias de la inestabilidad o la falta de profesionales suficientes se ven a corto plazo (inestabilidad emocional de las criaturas, inseguridad y miedos, regresiones en logros de autonomía, falta de desarrollo de sus potencialidades, a veces incluso problemas de salud,...), pero hay también consecuencias a medio y largo plazo: personalidades más inseguras,  inestables, inhibidas o agresivas, falta de atención, problemas de aprendizaje globales, etc.
Esto es responsabilidad directa de la Administración, que lo promociona y autoriza, que convierte en guarderías a nuestras buenas Escuelas Infantiles.
¿Qué tiene que decir ante esto Rosa María Masipe, titular del servicio de Escuelas Infantiles de la Comunidad de Madrid?
¿Qué tiene que decir ante esto Miguel Ángel Giménez, titular del Instituto Madrileño de la Familia y el Menor?
¿Qué tiene que decir ante esto Juan José Romero Nieto, director general de educación infantil, primaria y secundaria de la Comunidad de Madrid?
¿Qué tiene que decir ante esto Rafael Van Grieken, Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid?
No podemos preguntárselo al Defensor del Menor de la Comunidad, porque es una figura que desapareció por los recortes en 2012.

¿No les da vergüenza como Administración permitir esto?