viernes, 27 de mayo de 2016

EL TEXTO ADMINISTRATIVO NO HA SIDO UN ERROR: ES LA PUNTA DEL ICEBERG DEL DESPRECIO POR INFANTIL

    El Plan de Mejora del Rendimiento académico es un proyecto de la consejería de Educación que se pone en marcha en 2008. Según la consejería, es un medio de apoyo para que mejoren los centros con un bajo rendimiento académico en las pruebas de evaluación CDI realizadas por la comunidad.
    A pesar de que se afirma trabajar sobre las áreas de Matemáticas y Lengua Castellana y Literatura, el trabajo real del plan lo es solo sobre aspectos parciales y academicistas desde paradigmas rancios y en detrimento de una educación integral. Sus contenidos son un tipo de cálculo y ortografía que, desde metodologías obsoletas, están al servicio de los indicadores de evaluación considerados como importantes en las pruebas externas de Primaria. Se trata a este ciclo solo como preparatorio para la etapa siguiente, interpretada esta también desde una perspectiva academicista que aleja a niñas y niños del centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.
    Parte de una evaluación diagnóstica, la misma para todo el alumnado de todos los centros, y se aplica una propuesta de supuesta mejora, también homogénea. La propuesta de mejora, en Infantil, es de 10 minutos diarios de cálculo mecánico y dos sesiones semanales, en días alternos, de dictados no significativos. Se complementa con alguna actividad de atención-comprensión y de lectura. Tras ello se aplican pruebas de evaluación final, también homogéneas.
    Un equipo de docentes, “formado” por la consejería, tal como afirma la normativa que lo puso en marcha, es quien lo elabora y asesora a los equipos de los centros. Por las características de las pruebas y el contenido del plan valoramos que no son especialistas de Infantil quienes las elaboran, independientemente del enfoque del que partan, porque los contenidos de estos materiales no respetan ni la evolutiva, ni los intereses infantiles, ni siquiera el currículo del ciclo.
Se ofreció inicialmente a los centros de forma voluntaria y muchos lo aceptaron creyendo que podría ser un apoyo más. Sin embargo, la experiencia demuestra que se trata de un control total por parte de la administración, que tolera poco o nada las sugerencias e impone una implementación completa.
    Los datos de las evaluaciones son recogidos por el grupo de “expertos” con el argumento de comprobar la eficacia del plan y su evolución en relación con los objetivos que lo inspiran. Son datos que, aunque de momento no se publiquen, catalogan a los centros, carecen de respuestas pedagógicas ajustada y no tienen como efecto el aumento de recursos personales o materiales integrales a los que más lo necesitan. Un globo sonda que manifestó su posible peligro se puso en marcha en el curso escolar 2011-12, cuando se hizo una prueba objetiva de dictado en los centros que habían pedido el plan; fue interpretado por la comunidad educativa como un ensayo para generalizar la prueba de CDI en Infantil y provocó su rechazo.

    En este contexto se produce este curso el texto final que arriba se ofrece, como prueba de comprensión para cinco años. Un texto plagado de faltas de ortografía y sintaxis y con un contenido zafio y sexista.
   Así manifiesta la consejería el desprecio y falta de control y cuidado respecto a este ciclo educativo; un insulto a la inteligencia infantil pero también a la de sus profesionales. No es un borrador, como afirma la administración cuando ha saltado el tema a las redes; no es un error: es una muestra deplorable de lo que representa este plan y la ayuda que puede ofrecer esta consejería.

   En estas condiciones nos preguntamos si no se hace imprescindible la reflexión de los y las profesionales de Infantil respecto a su labor, a su derecho a la libertad de cátedra contemplado en la constitución y en las leyes educativas; a su derecho a ejercer sus competencias profesionales, de no ponerlas en manos de incompetentes que los tiene en tan poca consideración como a los niños y las niñas de estas edades.

  Es quizás el tiempo de reivindicar el amor y el orgullo de una profesión creativa, libre y emancipadora, que pone en el centro a los niños y niñas y que no se deja engañar por “cantos de sirena” suplantadores de funciones y libertades.

  ¿Qué podemos esperar de una administración como esta?
  ¡No hipotequemos nuestra libertad como docentes y la de los niños y niñas!
  ¡Construyamos recursos desde la cooperación profesional y el trabajo compartido!